En toda esta web usamos la palabra sonda como si usted ya supiera qué es. Es la duda que más nos plantean, aunque casi nadie la formula así. Lo que nos dicen de verdad es: «¿qué me van a meter en el ordenador?».
Esta página lo responde entero. Qué es, dónde se instala, qué mide, qué sale de su oficina y qué no ve nunca. También lo que sí registra, que es la parte que casi nadie cuenta.
Solicitar piloto
Una sonda de red es un programa. Nada más. Se instala en un ordenador que usted ya tiene en la oficina —el del mostrador, el del despacho del fondo, ese equipo antiguo que apenas usa nadie— y desde ahí mide cómo se comporta su conexión.
No es una caja que le mandamos por mensajería. No sustituye a su router. Ni se pone en medio del camino entre su red e internet: si un día dejara de funcionar, su oficina seguiría navegando igual.
Cada diez segundos manda una señal a nuestros servidores con lo que acaba de medir. No es una forma de hablar: en una hora de un cliente real contamos 357 señales, una media de diez segundos justos. Esa insistencia es lo que permite ver fallos cortos, de medio minuto, en los servicios que vigila: los que su informático no llega a ver nunca, porque cuando se conecta ya han pasado.
En Windows se ejecuta un instalador y se pega un código. En Linux es una sola línea. No hay que tocar el router, ni dejarle ninguna entrada abierta desde fuera, ni cambiar de proveedor, ni pasar cables.
Conviene elegir bien el ordenador. La sonda mide mientras ese equipo esté encendido; si alguien lo apaga al bajar la persiana, deja de medir, y al minuto lo damos por caído. Por eso pedimos un equipo que se quede en marcha: el de facturación, el del almacén.
Una sonda por oficina, no una por ordenador. Lo que mide es la línea y la red que comparten todos los equipos del local, vista desde el ordenador en el que vive. Dos talleres, dos sondas, al mismo precio cada una.
Mide en tres direcciones a la vez: hacia dentro de su oficina, hacia su proveedor y hacia los servicios de fuera. Lo que es sólo suyo no viene puesto: ni el datáfono, ni la caja, ni el programa de los albaranes. Eso lo da de alta usted —una dirección de internet, un equipo de su red, un nombre, una WiFi— y se vigila igual.
| Qué mide | Qué le permite saber |
|---|---|
| La salida a internet, su router y la traducción de nombres de web | Si el problema está dentro de su oficina o fuera |
| La calidad de la línea para hablar: tembleque y trozos perdidos | Por qué se entrecorta una videollamada con la web bien |
| La señal WiFi | Si va lento o si ese equipo está demasiado lejos |
| Quince comprobaciones de serie: Microsoft 365 (Outlook, Teams y el acceso), Google Workspace (Gmail, Drive y Meet), Salesforce, Slack, Zoom, Dropbox, Amazon Web Services, GitHub, Claude, ChatGPT y Gemini | Que Teams no responde, antes que su empleado |
| Dos destinos de referencia que casi nunca fallan | Que no es su red, es ese servicio |
| Lo que usted añada: una web, un equipo de su red, una WiFi, un programa suyo | Que aquello de lo que vive su negocio va mal |
| El tráfico del ordenador donde vive la sonda: qué programa ocupa la línea | Que se la come una copia de seguridad a media mañana |
| Los aparatos conectados a su red, con su tipo y su marca | Que ha aparecido uno que usted no ha puesto |
| Veintiocho características de la red, lo que llamamos su ADN | Que han cambiado el router o el proveedor sin decírselo |
| El estado del ordenador donde vive la sonda: procesador, memoria y disco | Que a ese equipo se le está acabando el sitio |
Aquí conviene ser exacto, porque es lo que decide si nos deja instalar algo.
La sonda no abre, ni lee, ni guarda el contenido de lo que usted envía. No ve sus correos. No ve sus facturas, ni sus contratos, ni las carpetas del servidor. No ve lo que escribe nadie ni sus contraseñas.
Tampoco entra en su red. La conexión va siempre en un sentido: de su oficina hacia nosotros. Nuestros servidores no llaman a su puerta, así que no queda ninguna puerta abierta esperando a que alguien la encuentre.
Y no toca sus equipos por su cuenta. Vigilatum tiene dieciséis arreglos preparados y trece se pueden lanzar solos —vaciar la memoria de nombres, volver a pedirle la dirección al router, reiniciar la cola de impresión—, pero vienen apagados de fábrica. Mientras no lo encienda, le proponemos el arreglo y decide usted. Y el interruptor es uno solo para todos: se encienden los trece o no se enciende ninguno.
Decirle «no vemos nada» sería mentira, y además no le serviría de nada. La sonda sí registra, del ordenador donde está instalada, qué programa habla con qué servidor, a qué hora y cuánta línea ocupa. Sabe que en ese ordenador el programa de copias estuvo hablando con un servidor de Dropbox a tanta velocidad y a qué hora. No sabe qué fichero era. Del resto de equipos de la oficina ve que están conectados y de qué tipo son, no lo que hacen.
La comparación que mejor funciona es la factura del teléfono: ahí aparece a qué número llamó, a qué hora y cuánto duró, pero ni una palabra de lo que dijo. La sonda registra ese mismo nivel: los interlocutores y el volumen, nunca la conversación.
También pone nombre a los aparatos de su red. Cada uno enseña al conectarse un código de fabricante; lo buscamos en el registro oficial, que reúne 11.691 códigos de 97 marcas, y así usted lee «impresora, marca tal» y no una fila de números.
Una promesa de privacidad sin fecha de caducidad no vale nada. Estos son los plazos, sin excepciones.
Las capturas piden una aclaración honesta: no se guardan en todas las incidencias, sólo cuando el sistema confirma una y le da tiempo. Si alguien le promete la película entera de su red, desconfíe.
| Qué se guarda | Cuánto tiempo |
|---|---|
| Medidas de red: si responde, cuánto tarda, calidad de la línea | 90 días |
| Análisis de tráfico: con quién habla el ordenador de la sonda y cuánto ocupa | 7 días |
| Capturas de una incidencia: 30 segundos antes y 30 después | 24 horas |
Hay servicios que comprueban desde fuera si su página web contesta. Está bien para su página web y no dice nada de su oficina.
El fallo que le para el negocio casi nunca está en el servidor de nadie: está entre la mesa de su empleada y la puerta de su local. Un cable con mal contacto. Un WiFi saturado a las diez de la mañana. Un router que pierde trozos de información cuando se calienta. Eso sólo se ve desde dentro.
Y hay una segunda razón, la que más discusiones ahorra: la sonda mide también dos destinos que casi nunca fallan. Si su correo va mal y esos dos van perfectos, el problema es del correo y no de su línea. Si van mal los tres, es su línea, y usted llama a su proveedor con una medida en la mano en vez de con una queja.
No avisa a la primera. Un fallo suelto puede ser cualquier cosa, y un móvil que pita sin motivo se acaba silenciando. Para dar un aviso grave espera a que el fallo se repita en tres señales seguidas, medio minuto. Si lo que se apaga es el ordenador de la sonda, tarda un minuto en darlo por caído.
El aviso le llega a su pantalla y, si quiere, a Telegram, con tres cosas: qué ha pasado, por qué y los pasos numerados para salir de ahí. Cada paso lleva escrito de quién es: suyo, de su informático o de su proveedor.
Distingue además ir lento de estar caído, que no se arregla igual. Y cuando se resuelve manda un segundo mensaje diciendo cuánto duró.
Una sonda no acelera nada. No optimiza su conexión ni le busca caminos mejores: mide y cuenta lo que ve. Si su línea da lo que da, seguirá dando lo mismo. Tampoco evita las averías: si su proveedor corta la fibra de la calle, la va a cortar igual. Lo que cambia es que quedará registrado, con la hora a la que empezó y lo que duró, y podrá llamar sin discutir de quién es la culpa.
Tampoco adivina lo que va a pasar mañana, ni sabe a cuánta gente dejó sin trabajar un fallo: mide desde un ordenador, no desde los ocho de su taller.
Y no le prometemos cero falsas alarmas: quien se lo prometa está adivinando. Lo que hacemos es esperar esas tres señales antes de molestarle y explicarle por qué creemos lo que creemos.
Si quiere verlo con su propia red delante, pídanos un piloto en el formulario de la portada. Instalamos una sonda, mide su oficina unos días y usted decide después.
Le instalamos una sonda y en cinco minutos empieza a medir. 59 € al mes, sin permanencia. Si no le convence, se da de baja y su histórico se borra por completo.
Solicitar piloto