Son las siete de la tarde de un sábado. Cinco personas esperando. El cliente pasa la tarjeta y el datáfono se queda en «conectando». Otra vez. Error. Esa venta acaba en efectivo, o no acaba.
En un comercio, un fallo de red no es una molestia de oficina: es una venta que no entra y una cola delante del mostrador, y suele pasar a la peor hora.
Aquí tiene qué hacer en el mostrador, en el orden que menos ventas cuesta, y cómo funciona Vigilatum: vigila la red de su tienda cada diez segundos y le avisa al móvil cuando falla algo.
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Cuando un cliente pasa la tarjeta, la operación recorre varios tramos: el datáfono sale por la WiFi, por un cable o por su propia tarjeta SIM; de ahí al router y del router a la línea de su proveedor. Y hay un paso invisible: antes de nada, el aparato pregunta a un servicio de nombres dónde está el sistema al que llama.
Cualquiera de esos tramos rompe el cobro por su cuenta, y cada uno de una manera distinta, aunque el datáfono enseñe siempre el mismo mensaje escueto.
De ahí la confusión más repetida del mostrador: «pero si mi móvil navega». Claro que navega: va por datos móviles, no por la red de la tienda. Y si el datáfono va por la WiFi de invitados y la caja por cable, comparten router pero no camino.
Están en orden, de la que no molesta a nadie a la que corta la tienda entera. Pare en cuanto una le dé la respuesta.
| Lo que ve en la tienda | Qué comprobar primero | Hacia dónde apunta |
|---|---|---|
| Falla el datáfono, la caja sigue vendiendo | Si va por WiFi y a qué distancia | Cobertura inalámbrica o el aparato |
| No va nada, tampoco el móvil en esa WiFi | Las luces del router | La línea del proveedor o el router |
| La línea está bien y no abre nada | Si abre una página distinta | La traducción de nombres |
| Vuelve solo a los diez minutos | Cuántas veces ha pasado | Avería intermitente: anótela |
Vigilatum es un programa, no una caja más en la trastienda: se instala en un ordenador que ya tenga encendido, con Windows o con Linux, y no hay que tocar nada de la red. Sólo envía datos hacia fuera; nunca recibe conexiones de nadie.
Manda señal cada diez segundos: 357 en una hora, medido en clientes reales. Antes de dar un aviso grave espera a que el fallo se repita tres señales seguidas, unos treinta segundos, así que un parpadeo de dos segundos no le hará sonar el móvil. Y si el que se apaga es el ordenador donde vive el programa, lo da por caído al minuto.
El aviso llega por Telegram y a su panel: qué ha pasado, por qué, los pasos numerados y a quién le toca cada uno. Cuando se resuelve, un segundo mensaje dice lo que duró. Y distingue ir lento de estar caído: con lentitud se sigue cobrando; con una caída hay que sacar el plan B.
Se comprueban además dos destinos que casi nunca fallan, los servicios de nombres de Cloudflare y de Google: si esos responden y el suyo no, el problema no está en su tienda.
De serie se miden la salida a internet, el router, la traducción de nombres, la señal WiFi y la calidad de la línea para hablar, la que hace que el teléfono suene entrecortado.
También quince servicios muy usados: Microsoft 365, Google Workspace, Dropbox, Slack o Zoom. El correo de los pedidos, la hoja de stock compartida, la videollamada con el comercial.
Y lo que añada usted, que en un comercio es lo que más importa: una web, un equipo por ping (una llamada corta a la que el aparato contesta «aquí estoy»), un programa concreto de un equipo suyo o una WiFi por su nombre. Con eso vigila el servidor de la caja o la impresora de tickets.
Vigilatum no habla con su datáfono ni ve una sola tarjeta: vigila el camino por el que pasa y le dice en qué tramo se rompió.
Una tienda con la línea saturada se comporta igual que una con la línea rota, y se arregla de forma muy distinta. Por eso se registra el tráfico del ordenador donde vive el programa: qué programas suyos ocupan la línea y a qué velocidad. Se guarda siete días.
Ese registro es sólo de ese ordenador, no del resto de aparatos. Si quien se come la línea es una copia de seguridad programada a las seis de la tarde, sale con nombre y con hora; si viene de otro equipo, verá la medición de la línea empeorando a esa hora.
En paralelo, Vigilatum lista los aparatos conectados a la red del local con su tipo y su marca, apoyándose en el registro oficial de fabricantes: 11.691 códigos que apuntan a 97 marcas. Sirve para ver qué hay enchufado a su red, y si hay algo que no reconoce.
En algunas incidencias confirmadas se guardan además treinta segundos de tráfico antes y treinta después, y se borran a las veinticuatro horas; las medidas de red se conservan noventa días.
En un comercio la red la toca mucha gente y casi nadie deja constancia: el técnico del datáfono nuevo, el operario que sustituye el router, el sobrino que enchufa un repetidor WiFi para el almacén.
Vigilatum vigila veintiocho características de la red, lo que llamamos su ADN: quién es el router, quién el proveedor, qué servicio de nombres se usa. Si algo de eso cambia, avisa aunque no se haya caído nada. El cambio de hoy es la avería del martes, cuando ya nadie recuerda que se tocó nada.
Hay dieciséis arreglos preparados y trece pueden lanzarse solos: vaciar la memoria de nombres del equipo, volver a pedir dirección al router o reiniciar la cola de impresión de ese ordenador.
Viene apagada de fábrica y es un solo interruptor: o se permite que Vigilatum intente los arreglos, o no se permite ninguno. Mientras usted no lo encienda desde su panel, no se toca nada de sus equipos. Con una caja abierta, decide usted.
Una sonda por local, al mismo precio y todas en la misma pantalla, cada una con su punto en el mapa según la dirección que usted haya puesto. Y cuando falla lo mismo en varias a la vez recibe un solo aviso, no cinco: si a las once y cuarenta fallan las cinco tiendas, el router de la calle Mayor no tiene la culpa.
No acelera la línea ni mejora la conexión: mide y avisa. No adivina lo que va a pasar mañana. No lee el contenido de lo que se envía, ni sus ventas ni sus documentos. No entra en su red desde fuera. No guarda captura de todas las incidencias.
Y todo lo ve desde un solo sitio, el ordenador en el que está instalado: por eso no puede decirle a cuántos equipos afectó un corte, y un apagón de alrededor de un minuto puede colarse entre dos vueltas sin dejar rastro. Tampoco promete cero falsas alarmas: espera treinta segundos de fallo antes de un aviso grave, pero decirle que nunca sonará de más sería mentir.
59 € al mes por sonda, facturado mes a mes, sin permanencia y sin coste de alta. Incluye dos tickets de soporte con una persona al mes; si hiciera falta alguno más son 40 €, y siempre avisando antes.
Detrás hay ingenieros con certificación CCIE de Cisco y más de veinte años arreglando redes de empresas españolas: ellos han redactado los pasos que verá en cada aviso y ellos atienden sus tickets.
Su panel está en app.vigilatum.es. Si quiere que vigilemos su tienda, escríbanos desde el formulario de la portada.
Le instalamos una sonda y en cinco minutos empieza a medir. 59 € al mes, sin permanencia. Si no le convence, se da de baja y su histórico se borra por completo.
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